top of page

CARTA A GABRIEL: SOBRE ALGUNAS PEQUEÑECES COTIDIANAS

20 mar 2024
3 min de lectura

Querido Gabo,


A veces no queremos hablar mucho, ni expresar nada, sino sumergirnos en un lago profundo lleno de peces marinos y bosques de agua dentro de nosotros mismos. Ese estado lleno de ruidos, de cosas que hacer, de planes y proyectos, de cosas que inventar para validar que tenemos un norte y sentir que nuestra vida tiene un sentido, me agota. Yo prefiero sumergirme en el “lago en el cielo” por un buen tiempo, quedarme en ese vacío para llenarme de energía, y para soltar también la acumulación de pensamientos.


Últimamente he sentido un vacío muy raro, como si extrañara algo. Cuando me quedo en silencio, eso empieza a hacer ruido. Tal vez todo este tiempo mi cuerpo me ha dicho cosas y yo no lo he escuchado. A veces hay que cambiar las direcciones con la que llevamos nuestras cotidianidades. Sorprenderlas con algo inesperado.


Más allá de hacer uno que otro mamarracho en mi libreta, no me he sentido muy creativa. Pero comienzo por no culparme, sino por hacerme preguntas ¿Qué puede estar provocando ese letargo? Y lo primero que se me viene es la sobreproducción de cosas, de ideas, de pensamientos que se cruzan, unos paseándose sin rumbo, como flotando sin espacio ni tiempo; otros corriendo como gatos arrebatados; otros que siempre están ahí, mudos, pero están; otros ansiosos resolviendo cosas del futuro que por más que se planeen no suceden como ellos creen; otros que se preocupan de no tener un orden ni causa y otros que quieren, simplemente, que todos descansen.

Nadie puede ser fácilmente creativo en un estado de supervivencia.


Por otro lado, te cuento que mi gata está bien. Le gusta echarse en el borde de la ventana a contemplar cosas hasta quedarse dormida. Creo que esa práctica puedo tomarla yo también de vez en cuando. También tengo una perrita embarazada que Ana rescató y que está a punto de dar a luz. Mi casa está siendo un nido para ella en este momento. Alrededor de cinco personas estamos esperando el parto, cuidándola y observándole el cuerpo y la panza todos los días a ver si ese día es el día.


Nunca en mi vida he visto un parto de absolutamente ninguna especie de la Tierra. Albergar a Kira es como un milagro que yo quiero presenciar, por un lado, porque quiero vivir ese momento sagrado y natural, y por el otro, porque ese instinto maternal de otras especies, de otros mamíferos, nos conecta a todas. Es conmovedor. Es asombroso. Es algo tan ancestral que nunca me había dejado tocar. Seguramente no lo sienta a plenitud, pero la curiosidad por saber qué sentiré o qué cosas me dirá mi cuerpo, me inquieta.


Por ahora, está cayendo un aguacero después de estar a casi 35°C todo el día, cosa que hemos soportado con quejas y reclamos al clima, y con grandes culpas al calentamiento global. Escuchar la lluvia me gusta después de padecer sequías de más de un mes y la piel pegachenta por la humedad. Pero también afana porque no es normal que en el llano llueva en marzo. Ya nos estamos acostumbrando a que la Tierra esté haciendo lo que se le da la gana. Y con todo el derecho, es la única que sabe cómo lidiar con semejantes niños hiperactivos y malcriados que somos, y además dejar todo en orden otra vez.


En todo caso, esperábamos la lluvia, yo y todas las especies que vivimos estos días de soles naranjas y días blancos.

 

Te escribo una próxima.

 

Te quiere, Sole.


Entradas recientes

Ver todo
CARTA PARA UN BUZÓN DEL MUNDO

Querid@, Las cosas aquí en la Tierra son muy diversas. Cuando sentimos frío, la piel se nos eriza, y sentimos que el frío atraviesa los...

 
 
 
MEMORIAS DE OROCUÉ

Hubiese podido quedarme un día entero bajo los árboles caracaro en el malecón, viendo el río. Pareciera que el viento que viaja con él,...

 
 
 

Comentarios


©2020 por Almendra y Sol. 

© Derechos de autor
  • WhatsApp
  • Instagram
bottom of page