UMBRAL
Mi mano abierta
tocaba el umbral
aguardaba el cuerpo inmóvil:
si al caso en la otra orilla
los dioses
húmedos de rocío
El alma ya había traspasado
la penumbra
un intenso dolor en el pecho
como el de la hierba
arrancada de la tierra
abrió el abismo
Abro los ojos
en el agua clara
del río que desvanece
los símbolos y las sombras
Llegar a la claridad del silencio
la luz del sol que despierta
No existe nada
que se complete definitivamente


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